No te acuerdas de algo que te cuentan, intentas una vez y otra volver al sitio que te describen y lo anhelas más y más a medida que vas viendo sus caras expectativas, con los ojos más enormes del día y una fluidez en el habla que te induciría a levantarte y correr riendo. Ellos dicen que lo pasaste bien, que morías a carcajadas, que todos disfrutaron contigo y que fue un gran día. Por qué ya no lo recuerdas? Cambiaría algo si lo recordases?
Recuerdo colores, sonidos y olores de jardín para ese tiempo feliz e ignorante. Me embriago durante un rato con una estúpida sonrisa repasando cada memoria archivada. He llegado a hoy por el camino de los jardines, pero ya no me reconozco andando por ellos, tampoco reconozco algunos senderos, que se me muestran emborronados como una película rasgada, mojada, sucia e inacabada. Como en Tren de sombras, quizá. Imágenes convertidas en fantasmagoría porque se muestran diluidas en un no-tiempo y flotando en un espacio poco concreto. Y después de repasar lo poco que recuerdo, logros, amistades, letras bonitas, besos, grandes canciones, pinturas y danzas, aplausos y risas… todo queda allí, en un cajón que tal vez no sepa recuperar la próxima vez, que se cierra de repente sin cambiar nada en mi estado actual. No me siento más satisfecha por mis metas logradas, no me siento más acompañada por mis amigos cultivados, no me siento más dulce por palabras leídas, no me siento más querida por besos compartidos, no me siento más llena por canciones digeridas, no me siento más abierta por pinturas estudiadas, no me siento más libre por sentimientos bailados y no me siento más arropada por aplausos recogidos. Soy yo, sólo y sola yo. Nadie se ha quedado hasta hoy, hasta recordar en este preciso instante el segundo en el que miré al cielo y descubrí esa avioneta que marcaba el cielo azul intentando permanecer. Efímeros los recuerdos pero perenne la marca que dejó el avión en un segundo. Hoy coleccionaría marcas de avionetas en el cielo. Y tal vez no recuerde el color del artificio original.
*